Daily Archives: August 22, 2014

Rebelde con causa.

Tras un par de disgresiones intentando ganar algún dinero, vuelvo a la teoría económica. Admito que uno de los motivos de este blog, es mi hartazgo del papel de “malos de la película” asignado permanentemente a los permabears, agoreros, antikeynesianos, doomsdayers, antisistema, y un sinfín de cariñosas expresiones con que se nos caricaturiza a los economistas austríacos.

Helicopter Ben explica sus políticas, y los resultados esperados.

Helicopter Ben explica sus políticas, y los resultados esperados.

Sin perjuicio de reconocer que Paul Krugman suele indigestarme algún ágape cada mes, por no contar los dolores de cabeza que me ha provocado el amigo “Helicopter Ben”, lo cierto es que  no soy antikeynesiano radical. Admiro a algunos postkeynesianos como Hyman Minsky o Paul McCulley. Eso sí, de los enemigos irreconciliables, me quedo con Hayek antes que con Keynes. Pero Keynes aportó intuición e inteligencia a la teoría económica neoclásica, adaptándola al mundo real del que estaba alejadísima, por su eterno enquistamiento en los modelos reduccionistas con caminos óptimos en forma de silla de montar (y con discutible capacidad de autoequilibarse aun siendo necesaria para su validación -Ramsey).

Práctico, extraordinariamente inteligente, y agudo verbalmente, Keynes era lo opuesto a la elegancia matemática irreal (y lineal) de los modelos neoclásicos. Y aportó algo estupendo: un vademécum económico del uso y conveniencia del ibuprofeno (política monetaria) y el paracetamol (política fiscal). Estoy muy contento de que existan ambos fármacos, que he usado, con mesura, cuando convenía. E igualmente contento, de contar con herramientas de política monetaria y fiscal, cuando menos para no hacer las cosas al revés, como reducir la oferta monetaria en los tiempos de la gran depresión. Toda aportación que evite los daños de la ignorancia, es valiosa.

Algunos nacen con estrella, y otros nacen estrellados, como el rebelde paradigmático (este sin causa). Pobre James Dean. ¡Con lo guapo que era! En cambio para John Maynard Keynes, la suerte fue su aliada. Su éxito habría sido mucho menor si no hubiese sido contemporáneo del nacimiento del club de los banqueros centrales de occidente. Y qué suerte, que pocas décadas después de su muerte, se produjese el desmontaje del patrón oro en Bretton Woods. Lo primero le aseguró “brujos” que cuidasen de los brebajes sugeridos. Lo segundo posibilitó que los balances de los bancos centrales pasasen a tener una consistencia al tacto parecida a un combinado entre el chicle y el queso gruyere.

A ver si los rebeldes con causa tenemos más suerte que James Dean. No caemos bien. Cuando acuso a la ciencia económica, a los bancos centrales, al ignorante establishment político, y al interesado lobby empresarial, de “rancio keynesianismo”, no quiero denostar la eficacia de las políticas monetarias y fiscales. Solo quiero denunciar su uso y abuso en grado superlativo. Lo que hemos hecho con las recetas keynesianas, es como si, descubierto el ibuprofeno, hubiésemos cerrado los quirófanos del hospital y los hubiésemos mantenido así, un cuarto de siglo largo. El resultado sanitario no habría sido el deseado. Y el ibuprofeno no tiene la culpa.

Son los aprendices de brujo, que lo recetan sin cesar, los responsables del desaguisado. Nadie (salvo los estigmatizados austríacos) ha vuelto a estudiar el lado de la oferta seriamente. En cambio todo el mundo parece saber recetar ibuprofeno y paracetamol. Se usan para todo: tumores, virus, bacterias… Hasta los políticos pontifican sobre la política monetaria que debe implementar el politburó del BCE. Rajoy se manifestaba hace pocos días: ¡Marchando más dinero y más crédito por favor (que nos paramos)!

El síndrome de Don Mariano es conocido, y tiene protocolo médico reglado. Es una alucinación muy típica. Cuando tu único instrumento es un martillo, todo lo que ves te parecen clavos. ¡Pero no hay que ir martilleando todo el día! Como bien dijo Azaña, si hablásemos sólo de lo que sabemos, se generaría un inmenso silencio, que podríamos aprovechar para el estudio. Ojalá.

Los daños de la ignorancia: Imprimimos unos billetes aquí, ponemos tipos negativos allá, devaluamos la divisa, y regamos todo con mucha deuda (perdón, quería decir “crédito”). Al resultado que se logra con todo ello, en África, lo llaman espejismo. Ojalá fuese todo tan simple. Las recetas del Sr. Montoro desde luego lo son, pero en el sentido catalán, que tanto le disgusta, del término. Continue reading