Un nuevo patrón monetario (II)

“Es injusto que una generación sea comprometida por la precedente. Hay que encontrar un modo de preservar a las venideras de la avaricia o inhabilidad de las presentes.”

Napoleón Bonaparte

No podemos proteger a nuestros hijos de nuestra inhabilidad. Y, lo de protegerles de nuestra avaricia, tiene matices. Transferimos a las generaciones venideras un balance. En el lado del activo podemos dejar un aparato productivo mejor o peor,  y un uso de los recursos naturales  más o menos mesurado. Pero es difícil blindar su calidad, solo con una macro bien enfocada. El pasivo del balance a transmitir, es otra cosa. Aquí sí que podemos impedir que las generaciones anteriores se endeuden para anticipar el consumo de las venideras. No individualmente, pero sí de manera agregada. Impedir que ello suceda equivale a impedir el llamado llamado superciclo crediticio (por su larga duración de hasta sesenta años).

¿Y cómo se evita el ciclo crediticio? Controlando la creación del bien de intercambio del sistema: el dinero. El exceso de dinero, empuja a la sobrevaloración de los activos con un efecto burbuja evidente, y además, permite a las generaciones actuales anticipar el consumo de las futuras, con el crédito al consumo. Si el dinero se crea cuidadosamente en cantidad, y tiene un coste de oportunidad tangible, minimizamos esos daños. Hay que evitar que vuelva a suceder esto:

Tabla endeudamiento global

¿Definimos “cuidadosamente”? Fácil: Justo al contrario de cómo lo venimos creando en los últimos veinticinco años. Lo siento, pero creo que hay que despedir a los politburós de los bancos centrales, íntegros. Solo dejaría a los secretarios del consejo que redactan las actas. Y alguna secretaria. No es personal.

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En primer lugar, hemos de recuperar un patrón para las divisas fiduciarias (lamentablemente todas lo son hoy). En contra de la opinión de la mayoría de compañeros de la escuela austríaca, mucho más talibanes en materia de dinero que yo, creo que abandonar el patrón oro fue una buena idea. No son tan buenos los motivos por los que se hizo. Se abandonó en 1971, para posibilitar una huida económica hacia adelante; y lo hizo Nixon, y eso ya es indicativo de algo turbio.

Pero el patrón oro tenía que acabarse un día u otro.  Coincido plenamente con Warren Buffet. Lo del oro es de locos: nos gastamos un dinero en excavarlo del subsuelo y fundirlo a lingotes, para luego volverlo a guardar en una cámara acorazada excavada también en el subsuelo (Fort Knox). No he visto actividad más inútil. ¡Y sin embargo suma al PIB!

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Quitar el oro no fue el problema, lo terrible fue que no se organizase un patrón alternativo. Darle el poder absoluto de imprimir a destajo la divisa de reserva del sistema, al presidente de turno, fue como darle una pistola a un niño. Mejor dicho,  en la propia terminología inglesa de los politburós: un “bazooka”.

Poco despues del Smithsonian Agreement, la inflación, previsiblemente, se descontroló. Llegó Paul Volker, todo integridad, y no le gustó lo que veía: embridó la maquinaria monetaria y, con mucho sacrificio, metió en cintura la inflación de dos dígitos en la divisa de reserva. Pero la vida siguió. Y llegó Greenspan, su sucesor, que era adicto al saxo, y al “monopoly”. De hecho imprimir y jugar con los tipos de interés le salvó los muebles, nada más aterrizar en el cargo, en el crack del 87. Quedó muy agradecido a la portentosa eficacia de su maletín de herramientas. ¡Olé! Podía imprimir y manipular tipos a mansalva.

Una década después, cuando aburrido ya, se planteó por primera vez moderar el ciclo crediticio y el boom bursátil, se le echaron encima todos los medios de comunicación. Soy viejo, y recuerdo con exactitud sus famosas palabras: “irrational exhuberance”. Con ellas se le ocurrió manifestar su preocupación por el aún desconocida “inflación de activos” que se iniciaba, y se desarrollaría a continuación. Casi le cuesta el cargo. Nunca más lo hizo. Ni él, ni sus sucesores, igual de adictos al dinero fácil, pero, lamentablemente, mucho menos diestros con el clarinete o el saxo.

Ahora, casi veinte años después, navegamos en deuda y billetes, pero la sociedad vive del subsidio, no llega a fin de mes, y tiene a sus hijos en paro, en un subempleo, o con un sueldo de miseria. No deberíamos sorprendernos de estas consecuencias. Sin patrón monetario, hemos animado a todo el mundo a usar billetes de “monopoly” como bien de intercambio. Tenemos mucho billete pero poca riqueza; tanto humana (acervo espiritual y cultural) como económica (un aparato productivo ecológico y bien orientado al valor futuro).

Hay que volver a someter la creación de dinero a un patrón. El dinero no puede ser chicle. Para encontrarlo, debemos recordar su rol: es un bien de intercambio. Es el embrague imprescindible para pasar de una economía de trueque a una economía con un medio de pago. Hay que usar el embrague con mesura, o se quema.

Como bien de intercambio, no debería imprimirse, real o virtualmente (mediante anotaciones contables), con finalidades espúreas. O Keynesianas (bueno un poquito sí, pero sin abusar). No podemos evitar su uso para atesorar riqueza, y puede que se atesore físicamente por quien quiera. Pero sí podemos quitarle al sujeto económico los motivos para hacerlo. Por ejemplo, pagándole por sus ahorros, un interés que no se aleje del crecimiento nominal del PIB. ¿Se acuerdan de cuando a los ahorradores se les pagaban intereses? Mi abuelita siempre tenía el dinero en libretas de ahorro por las que le pagaban cada mes. Qué bonito!

Y desde luego, la política de creación y mantenimiento del dinero ha de optimizar su uso solo como medio de pago. Inevitablemente, ello comporta su utilización también como elemento de valoración de activos y flujos económicos. Pero no sirve finalidades estrambóticas. Como compensar la rigidez de los salarios a la baja, o fomentar el consumo inmediato frente al ahorro, o facilitar la evolución de los ratios de deuda sobre PIB, o incluso abaratar el coste efectivo de la deuda pública. Todos ellos fines muy loables, pero que no se arreglan imprimiendo dinero. Al menos como tratamiento estable y recurrente. Cuidado con los analgésicos. Lo explico con claridad en el post “rebelde con causa”.

Siendo un medio de cambio, el target de inflación ha de ser cercano a cero. Y pierde importancia que vivamos unos años deflacionistas o inflacionistas por razones de pirámide poblacional, evolución de costes de energía, u otras. La deflación no es un ogro (desarrollado en otro post), solo la deuda lo es. Y la inflación, solo es una de las posibles consecuencias perversas de la política monetaria laxa. Como dijo el imperecedero Milton, es siempre un fenómeno monetario. De acuerdo. Pero no por ello, la política monetaria  tiene que tener solo un objetivo de inflación. El objetivo de la política monetaria es la estabilidad del valor de los medios de pago, y la estabilidad de las masas crediticias. Los otros problemas que se apañan o dopan, imprimiendo dinero, tienen su solución real, a veces quirúrgica; la que les es propia. El dinero, su creación, no puede ser un instrumento para tapar las vergüenzas de nuestro modelo económico.

Como tal bien de intercambio, la magnitud de dinero y crédito en circulación ha de guardar relación con el tamaño de la economía a la que sirve. Tan inútil es hacer depender su dimensión de la cantidad de oro (o cualquier commodity, como el titanio o el uranio), como hacerla depender de la santa voluntad del gobernador del banco central de turno. Menos aún, en Estados Unidos, donde la Reserva Federal es un banco de bancos. Un banco de bancos (que sirve los intereses de los bancos), gestionado, aparentemente, por personas designadas por políticos al uso. Pero la realidad es que el grueso del FOMC es designado por la banca. Igual que lo definido no puede ser parte de la definición, es increible que el regulado sea parte del regulador. Sentido poco común. ¿Alguien se sorprende de que algunos propiciemos su desaparición o al menos el acotamiento de sus facultades? Claro que, a lo mejor, es hasta bueno que sea un banco de bancos, en vez de un banco controlado sotovoce por burócratas y políticos, como el BCE. Estamos entre guatemala y guatepeor.

El único patrón viable para la base monetaria, es indexarla al tamaño y cantidad de las transacciones a las que tiene que servir. El PIB no sirve. Es una medida de tamaño obsoleta (aunque ahora más completita tras incluir servicios sexuales y drogas). El problema del PIB es su virtud: que netea transacciones por su valor añadido. Soy un fan de la consolidación de balances, y no dudo hay que hacer los apuntes de ajuste de relaciones internas entre los miembros del grupo. Pero cuidado con la pérdida de información.

La solución es una medida nueva, que el Bureau of Economic Analysis denomina el “Gross Output”. Es algo similar a la suma de bases imponibles del antiguo ITE (impuesto de tráfico de empresas). Una consolidación de las cuentas de resultados de los agentes económicos individuales, sin ajustes de compensación.

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Un poco de aritmética de colegio, y no es difícil concluir que la base monetaria del euro y del dolar, tendría que situarse en una cifra central cercana al 10% del output bruto (gross output). A la cifra central obtenida, se le tendría que incorporar un margen subjetivo para el Banco Central, de aproximadamente un dos por ciento hacia arriba o hacia abajo. Ello, con la finalidad de dejarles un juguete a los Keynesianos (es broma, creo sinceramente que hay que dejar un pequeño margen de ajuste para mitigar recesiones garden variety). Pero también con la finalidad más importante aun, de acomodar saltos inesperados en la masa crediticia. Mitigándolos, no exacerbándolos!

La base monetaria es solo una de las variables instrumentales, la variable objetivo es la masa monetaria más amplia. La que incluye el crédito bancario y incluso las magnitudes que controlan el apalancamiento del sistema. Obviamente el porcentaje anterior, depende de qué margen para crear crédito se deje al sistema financiero, partiendo de la base de que el crédito total vivo actual del sistema, hay que dividirlo al menos por dos. Por desgracia, será por impago en su mayor parte. En cuanto dejemos de imprimir.

Cuánta razón tenía Hegel: “tesis, antítesis, y síntesis”. El progreso es un proceso contradictorio, que tiene lugar en ciclos de tres fases. Hemos aprendido de los defectos de ITE (por eso tenemos el IVA). Y nos hemos acostumbrado al PIB, pero nos hemos olvidado de lo importante que es sumar las transacciones o el output, y no solo el valor añadido generado. Vimos los problemas del oro, y desanclamos las divisas, dejándolas al pairo. Y, vividos los dos extremos, hemos de dar medio paso atrás, y buscar la síntesis. El “Gross Output” es la medida más útil para anclar las bases monetarias. En Estados Unidos el NBEA lo publica desde julio de este mismo año. Pero anclar, de momento no ancla nada.

Y, lo repito por su importancia. No solo el objetivo de la política monetaria ha de ser mantener estable el dinero base sobre el output bruto, sino que además tendría que tener un elemento compensador y anticíclico del dinero crediticio creado. No solo no debe acompañar la creación de dinero de la banca, sino que debe equilibrarla. El target conceptual es mantener estable el ratio de las magnitudes monetarias más amplias sobre el output bruto.

El segundo ciclo de creación del dinero, el bancario, también debe acotarse en tres dimensiones:

  • Asegurando una capitalización adecuada de las entidades que crean el dinero crediticio. Tras un período transitorio, no deberíamos aceptar un tier uno de menos del 20% de los activos totales computables. Algunos, como Eugene Fama, piden un 50%. Y los austríacos más radicales un 100%. Tampoco hay que excederse: mi padre era banquero, y mi corazoncito pide dar a la banca una salida. Pero no podemos tener una banca frágil.
  • Distinguiendo, entre dinero depositado “en depósito”, y dinero prestado para su reutilizacion. El fondo de garantía de depósitos solo debería proteger el primero (ahora esta tan descapitalizado que son unas siglas que no protegen nada si el estado no echa el resto). Y el primero debería constituir un coeficiente de caja indisponible. Hay que distinguir al banco depositario del banco intermediario.
  • Acotando con porcentajes sobre el output bruto, la creación total de crédito por el sistema.  Y acompasándola compensatoriamente con el dinero base, hasta un punto, pasado el cual quede limitado, o al menos desincentivado,  el crecimiento del crédito, incluso con cuotas. La barra libre no funciona. De igual modo que hay unos slots de vuelo en Heathrow que las compañías aéreas tienen que compartir, la banca tiene que tener slots (raciones o cuotas) de crédito que compartir. Y los slots tendrán un valor económico. Aunque las compañías aereas quisieran, no podemos dejarles que vuelen treinta transoceánicos por minuto; pues bien, el crédito del sistema también tiene que tener un límite. Todo tiene que tener un límite, o los economistas nos vamos al paro: la economía es la ciencia que estudia la administración de los recursos escasos.

Aunque, como dijo Cantillón, riqueza y dinero nunca serán lo mismo, tenemos que conseguir que se correlacionen positiva y significativamente. Hay que aproximar, sin confundir, como el necio, valor y precio. Lo contrario daña irremediablemente el sistema, desvía recursos de la actividad productiva a la especulativa o a la financiera, y permite endeudamientos intergeneracionales masivos, que son ética y socialmente insostenibles. La generación joven, con razón, no querrá pagar nuestras pensiones. Esperen y verán.

Y aun consiguiendo los objetivos que relato, nos queda reconvertir el aparato productivo. Conseguir demanda agregada estable conforme a la ley de Say (y no en base al subsidio y deuda pública), y reeducar a la población para los retos de la robótica. El paro estructural a cinco años, me preocupa mucho más que el coyuntural de la crisis. Me quita el sueño. La reforma del sector financiero es la base de arreglo del sistema. Pero luego queda limpiar las secuelas de este último megaciclo crediticio, y preparar el aparato productivo para el futuro. Hay que empezar ya. Un patrón monetario es lo primero.

No quisiera dejar en el olvido los sabios consejos de Tolstoi.  Nos recordó la realidad social, y la innegable realidad de la condición humana. Si bien todos piensan en cambiar el mundo, nadie piensa en cambiar él. Y añado: O algún derecho adquirido que le afecte. Consecuentemente, no espero amigos poderosos tras escribir esto. Pero las cosas tienen que cambiar: profundamente.

Acabo con Mahatma Ghandi, a quien admiro sinceramente. La raza humana da ese tipo de productos, aunque demasiado espaciados en el tiempo. Mantengamos la moral. Hay futuro.

“Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a tí mismo”



PD. La semana que viene, algo sobre los mercados actuales. Hay que ganar algun eurillo para vivir el día a día, y pagar energía, comida y agua a fin de mes. Lo demás, si lo piensas bien, es superfluo. ¡Y haré un post mas corto!